viernes, 15 de marzo de 2013

TUPAC YUPANQUI DESCUBRIÓ OCEANÍA


Túpac Yupanqui fue un gran emperador. Pero no sólo eso, fue un descubridor. Aquí, una crónica que detalla una afirmación reveladora.
Sarmiento de Gamboa cuenta en su crónica: que "andando Topa Inga Yupanqui conquistando la costa de Manta y la isla de la Puná y Túmbez, aportaron allí unos mercaderes que habían venido por la mar de hacia el poniente en balsas, navegando a la vela. De los cuales se informó de la tierra de donde venían, que eran unas islas, llamadas una Auachumbi y otra Niñachumbi, adonde había mucha gente y oro. Y como Topa Inga era de ánimos y pensamientos altos y no se contentaba con lo que en tierra había conquistado, determinó tentar la feliz ventura que le ayudaba por la mar... y... se determinó ir allá. Y para esto hizo una numerosísima cantidad de balsas, en que embarcó más de veinte mil soldados escogidos". Y concluye la crónica: "Navegó Topa Inga y fue y descubrió las islas Auachumbi y Niñachumbi, y volvió de allá, de donde trajo gente negra y mucho oro y una silla de latón y un pellejo y
quijadas de caballo...". El hecho es tan inusitado que Sarmiento se ve obligado a explicar: "Hago instancia en esto, porque a los que supieren algo de Indias les parecerá una caso extraño y dificultoso de creer".
Esta versión –seguida también por los cronistas Martín de Murúa y Miguel Cabello de Balboa- la interpretamos así.
Zarpó Túpac Yupanqui de la costa ecuatorial, posiblemente de Manta, entonces gran centro marítimo. Llevó consigo una flota de balsas a vela, alrededor de 120 embarcaciones, y dos mil guerreros o algo más. De ningún modo embarcó 20 mil hombres. Viajarían en cada balsa quince o veinte individuos, de los cuales cinco eran tripulantes y los demás soldados. En estas condiciones cruzó el Pacífico en unos 90 días, tras vencer 4 mil millas marinas. Siguió para ello un derrotero que aprovechó vientos y corrientes (verificables actualmente en los modernos Pilot Charts). Las balsas eran seguras, las únicas embarcaciones involcables. Tampoco debió haber problema con los alimentos por abundar los frutos del mar, menos aun con la bebida, por ir el agua en calabazas y cañas huecas, acrecentándose su cantidad con las lluvias. En los casos de emergencia –que, atendemos, no se dieron- habrían servido para saciar la sed de los peces frescos drenados (mediante agujeros succionables) o los peces frescos exprimidos (con torniquetes de palo). Estamos abreviando, porque sobre todo esto hay mucho que contar.
Si las velas utilizaban los aires, las guaras u orzas de deriva aprovechaban el mar. Los vientos y las corrientes en el Pacífico austral giran en el sentido contrario que las manijas del reloj; de acuerdo a esto, Túpac Inca navegó primero al oeste, luego al sur, después al sureste y finalmente al noreste y noroeste. En su debido momento la expedición avistó Auachumbi (la isla de Afuera), hoy Mangareva, en el grupo de las Gambier, y posteriormente Ninachumbi (la isla de Fuego), que es la volcánica Pascua o Rapa Nui. Lo dicho demostraría que el príncipe Túpac Yupanqui –con el tiempo X Inca y II emperador del Tahuantisuyo- cumpliendo un periplo famoso, atravesó el océano Pacífico 55 años antes que Hernando de Magallanes. Recojamos las evidencias.
Todavía existe en Mangareva el estrecho de Tupa, también se conserva la leyenda de Tupa y se baila la Danza del Rey Tupa. El estrecho se nombra así porque por él llegó a la isla el misterioso personaje y su espectacular comitiva; la leyenda habla de un monarca "colorado" que arribó con una flota de balsas a vela procedente de un país lejano, situado al oriente; y la danza conmemora su feliz desembarco, acontecimiento imborrable ya conservado a través de la leyenda en la memoria de los mangarevanos. Estos eran entonces polinesios dominantes y melanesios esclavizados. Por último, Mangareva, hoy en día, es la única ínsula oceánica con balsas de vela y otras características que recuerdan a sus similares ecuatoriales americanas. Las coincidencias son muchas, empezando por el nombre del rey Tupa o Túpac, personaje de andina coloración cobriza, pigmentación desconocida por los isleños. El monarca llegó, deslumbró y se fue. Volvió a su levantino reino que en lengua polinésica se nombraba Hawaikiri, también Takere-no-tehenua, país con una densa población gobernada por reyes poderosos. Este reino quedaba allende el mar, era el país donde nacía el sol.
El segundo punto es Pascua o Rapa Nui, la isla de los veinte volcanes. Esta ínsula también nos depara sorpresas. Allí existe, caso oculto, el templo de Vinapú, de innegable arquitectura incaica, la imperante en la época de Túpac Inca. Es la prueba irrefutable de la presencia incaica en la isla. Nos recuerda, en pequeño, Ollantaytambo y Sacsahuamán. No es lo único. También está la evidencia de un filón de raza andino entre la población nativa de la ínsula. Es un bolsón ándido que, si atendemos escritos posteriores, hablaba el quechua o runa simi. Finalmente, como nota romántica y nostálgica, se recuerda la leyenda de la dulce Uho, doncella raptada por una mancha de quelonios marinos que la llevó, navegando, al país donde nace el astro rey. Este país, cosa notable, estaba protegido por un banco de neblina. Por eso la doncella Uho se alarma, se asusta y teme adentrarse en una creciente oscuridad. Y le dice a su amado, un "príncipe" amo de la tortuga mayor, entiéndase de la balsa real con su caseta, pues las tortugas viajan como las balsas, con su casa a cuestas:
"Es oscura como la noche esta tierra, esposo mío, Mahuna-te-Ra’a. Mi tierra es luminosa y clara, por eso mis ojos la buscan con anhelo, esposo mío, Mahuna-te-Ra’a..."
El "príncipe", quien está llamado a ser monarca en su país, no se llama Tupa o Túpac, pero se nombra Mahuna-te-Ra’a, nombre exótico que para sorpresa nuestra se traduce Hijo del Sol. La leyenda hace a Uho reina al lado de su regio esposo, pero es del caso entender que nunca llegó a Coya, pues se destino sería ser Pihui, esposa secundaria, si no Shipacoya, concubina... Hoy en la isla de Pascua, acaso desde entonces, se denomina "tupa" a las torrecillas de piedra desde las cuales se espera y avista la llegada anual de las tortugas.
El príncipe regresó a su país con los vientos sures, en otras palabras, por la ruta del noreste primero y del noroeste después. De este modo atravesó la Corriente Peruana o de Humboldt –verdadero río antártico que produce, por evaporación, la "camanchaca" o gran neblina que asustó a la bella Uho- y siguió por una costa orillada de pinnípedos hasta el reino del Gran Chimú. Allí reparó en un trono de metal, "una silla de latón" a decir de los cronistas. También recogió oro, mucho oro. Luego, siempre dejándose llevar por los vientos y las corrientes, arribó a su punto de partida, Manta, en la región manabita. El gran periplo, el mayor y más importante viaje marítimo de la antigüedad peruana, había terminado. Lo último fue el desfile de la victoria, el ingreso triunfal de los expedicionarios al Cusco.
La crónica es parca, explicará que hubo fiestas y sólo nos va a decir que el príncipe entró a la Ciudad Sagrada llevando a su padre –aparte de oro, mucho oro- tres trofeos, verdaderas novedades: hombres negros (melanesios de Mangareva y Pascua), huesos y pellejos de unos animales que parecían caballos (los pinnípedos o lobos marinos del litoral) y un trono de reluciente metal (la gran silla de "tumbaga", logro de la metalistería chimú). El pueblo se admiraría, el Hatun Auqui estaría feliz, se decrépito padre felicísimo. Sin embargo, para todos regía una verdad oculta, incluso para el afortunado príncipe cusqueño. En efecto, nunca supo Túpac Yupanqui –igual que Colón respecto a América- que había descubierto Oceanía.
Las hazañas de Túpac Yupanqui
Túpac Yupanqui es el gran desconocido de la antigüedad peruana. A él debe el Perú sus fronteras. Casi todo el territorio que hoy es nuestro lo conquistó él. Fue el mayor conquistador que haya producido la raza cobriza en América. Hizo dos campañas al Chinchaysuyo (norte), dos al collasuyo (sur), dos al Antisuyo (este) y dos al Contisuyo (oeste). De todas tornó victorioso. Cruzó dos veces la línea ecuatorial y cuatro el Trópico de Capricornio. Alguien, tratando de enaltecerlo, lo ha llamado el Alejandro del Nuevo Mundo; la verdad es que el quechua conquistó bastante más que el macedonio. Gran conquistador, hoy lo descubrimos gran navegante. Atravesó el Pacífico de lado a lado y dejó huellas fehacientes para que el mundo lo reconozca Descubridor de Oceanía.
"El padre de todos los hombres"
Apreciada serenamente, la figura histórica de Túpac Yupanqui emerge como un astro de primera magnitud. Fue un guerrero excepcional y un emperador relevante. Quechuizó naciones, civilizó la cordillera y pretendió culturizar el mundo. Sus vasallos lo llamaron Túpac Yaya, Padre de todos los Hombres, por ser el "Señor que tanto los amaba y tanto bien les hacía". También lo nominaron el Grande y el Justiciero. Fue más querido que Pachacútec. Llegó a ser reconocido el mayor de los incas.

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